TEXTILES DE JALAPA DE DÍAZ Y RANCHO GRANDE DE LA CHINANTLA, UN TESORO DE BORDADOS

San Felipe Jalapa de Díaz, Tuxtepec, Oax.- Los huipiles de la Cuenca del Papaloápam son uno de los símbolos más representativos de la región, pero las manos que los elaboran forman la principal cadena de creatividad y distinción.

Eddie Suárez es uno de los hombres bordadores de Jalapa de Díaz. Él cuenta que la principal actividad de la comunidad es el bordado de huipiles, blusas y ropa estilizada.

Muchos son los motivos que han llevado a los hombres a formar parte de las manos obreras, algunos porque el campo ya no es productivo, otros porque prefieren estar en casa y echarle mano a los hilos y otros como Eddie, quien han crecido viendo el talento que las mujeres de la familia aplican en cada prenda que elaboraban.

“La verdad sí hay algunos señores y chavos que les gusta, se ha convertido en su trabajo principal”, cuenta el joven artesano, argumentando que bordar representa la mayor parte de sus ingresos.

Los huipiles de Jalapa de Díaz conservan muchos rasgos prehispánicos, como las figuras de pájaros y flores, colores llamativos y grandes encajes que complementan el conjunto.

Algunos investigadores como Jade Vásquez, considera que la indumentaria conjunta elementos sociales, políticos y culturales, rasgos que también determinan el status social de quien lo porta.

En este sentido Eddie comenta que este tipo de prendas le llevan dos meses de elaboración con un costo aproximado de cinco mil hasta ocho mil pesos, “son huipiles antiguos, con flores, pájaros y bolitas, pero cada tiempo se va cambiando, todo por la modernidad, las muchachas ya no quieren cosas tradicionales, por eso estamos haciendo prendas ajustadas”, expresa.

La modernidad y el llamado “regateo” son los principales enemigos de los artesanos, “aquí tratamos de buscar lo que se pueda, porque no nos ofrecen apoyos, nadie nos toma en cuenta, tratamos de salir a adelante vendiendo nuestro producto”.

Huipil de Rancho Grande, Valle Nacional, del telar a la fiesta

Otra de las comunidades proveedoras de huipiles es Rancho Grande, una pequeña y organizada población que se encuentra a unos minutos de Valle Nacional.

Cecilia Ángeles Jiménez es otra artesana que ha dedicado gran parte de su vida a bordar y ante el latente olvido de la indumentaria se ha reunido con 10 mujeres de la localidad, para crear un grupo de señoras protectoras del huipil.

“Aprendí a través de dos abuelitas, este telar ya se estaba perdiendo, pero lo hemos estado rescatando, somos 10 señoras y estamos haciendo telar de brocado, lo que más hacemos en telar blanco, rojo y negro”.

Con esta iniciativa han logrado fomentar el uso del huipil en las fiestas patronales y recientemente, como el traje de gala de las fiestas de quince años.

“Cada figura tiene su significado, las que ya son casadas, en el centro llevan el árbol del matrimonio, ese árbol representa los hijos y la punta del árbol, una paloma que, es la unión de la pareja, al lado del huipil se lleva la mata del tabaco y el café representa las comunidades de Valle Nacional”, explica.

A estos simbolismos se le une el color rojo, que significa el color de la sangre de los pobladores, el azul del cielo y el verde de la naturaleza.

La forma de portarlo es con listones, para las mujeres casadas, se agregan cintas de color negro y rojo; en las jóvenes solteras listones multicolores, esto agregándole a ambas apariencias, collares de café o frijol.

Existen dos tipos de huipiles, el de diario, caracterizado por su carga multicolor y el de gala con tela de fondo negro o rojo.

En cuanto al proceso de elaboración, la señora Cecilia menciona que primero se tienen que juntar los materiales para construir el telar o mejor llamado “cimbra”, elaborado con madera especial, para entrelazar los hilos. Este proceso tarda aproximadamente cuatro meses.

Desde la unión de mujeres por el rescate del traje tradicional, las ventas y pedidos especiales han tenido un aumento significativo, sobre todo, porque son uno de los principales proveedores para las chicas que participan en la Guelaguetza, además de clientes en la ciudad de Tuxtepec, Oaxaca y hasta de Estados Unidos.

“Cuando veo la Guelaguetza y veo a las muchachas me siento alegre y que mi trabajo se valora porque tengo venta, me siento feliz”, señala la artesana textil.

El maestro Héctor Arturo Hernández, instructor del Ballet Folclórico Tochtepetl y participante activo de la delegación oficial de la Flor de Piña, explica que la indumentaria es el elemento principal que se debe cuidar en las presentaciones, sobre todo con la presencia del comité de autenticidad.

Argumenta que los costos de cada traje varían según el lugar de origen, la técnica y el tiempo de elaboración, pero en el rango de costos de los huipiles de Valle Nacional, Usila y Ojitlán son los más caros.

Al respecto, hace una distinción, ya que cada comunidad tuxtepecana que se encarga de realizar huipiles, tiene su propia identidad, tal como el que representa a Tuxtepec, “fue creado con características mazatecas y un poco de chinantecas, es un huipil bordado sobre manta, que lleva flores y pájaros y en el pecho lleva el escudo de Tuxtepec ,la figura del conejo, que es lo representativo”.

Todos estos elementos fueron debidamente estudiados e incorporados por un antropólogo y el apoyo del maestro Felipe Matías.