Premisa básica: para que haya filtraciones, debe haber infiltrados
Por JAVIER ROLDÁN DÁVILA
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El pasado miércoles, fueron filtrados dos audios en los que se escucha al gobernador de Veracruz, Cuitláhuac García Jiménez, delinear estrategias para quitar de su puesto al Fiscal General, Jorge Winckler Ortiz.
En realidad no es ninguna novedad, desde antes de asumir el cargo, el ingeniero García había hecho pública su animadversión hacia Winckler, a quien tacha de ser incondicional del anterior gobernador, Miguel Ángel Yunes Linares.
Los audios en cuestión, tampoco le generan responsabilidad legal, en virtud de que fueron obtenidos en forma subrepticia, lo único que le causan es un ‘quemón’ terrible.
Es de suponer que el mandatario se expresó con soltura, respecto de las artimañas a utilizar para defenestrar al repudiado abogado, bajo la idea de que se encontraba entre aliados (no queremos pensar que lo dijo ante un público heterogéneo), por lo tanto, fue uno de sus propios ‘incondicionales’ el encargado de entregar el material a los adversarios.
Peor sería suponer que el gobernador es espiado en sus propios espacios, sin que los encargados de la seguridad lo puedan evitar.
En cualquier sentido, Cuitláhuac vuelve a ser evidenciado por no tener el control del aparato gubernamental, sino corrige, todo se le irá de las manos.