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BRASIL HUNDIDO


Redactado por: adriana bravo
junio 23, 2016 , a las 1:02 am

Brasilia, Brasil.- Se solía decir que la religión es el opio de los pueblos, pero, como se sabe, desde hace siglos ninguna afirmación es absoluta, ni tiene validez en todo el mundo. Ahí está Brasil como prueba, donde la macumba, siendo religión, era y es solamente un opio leve, frente a otro opio más poderoso: el fútbol.

 El Mundial de Fútbol 2014  fue esperado por los brasileños con manifestaciones, con repudio contra la corrupción, con críticas a Rousseff y el PT por tener una administración corrupta que no miraba los problemas cotidianos de la gente. En espera de la salsa del balón, miles de miles de brasileños salieron a las calles de Río de Janeiro, San Pablo, Recife,  Fortaleza, en todo el Brasil, a protestar, a levantar su voz contra la corrupción.
 Al inicio las protestas parecían ser solamente contra las alzas del transporte público, pero después el enojo fue mostrando otras caras y otras complejidades que estaban ocultas en la telenovela de un país emergente que ha perdido competitividad y que da signos de recesión.
 Las movilizaciones se dirigieron contra los gastos excesivos, mezclados con corrupción, de las edificaciones del Mundial de 2014, cuyos presupuestos eran similares a los gastos anuales de  Brasil en educación y salud. Para las Olimpiadas Brasil ya no pudo gastar tanto, simplemente porque no tiene recursos; más bien, requiere un plan internacional de salvar los Juegos Olímpicos.
Tras dos años del Mundial de 2014 se tiene la constatación de la corrupción. Casi todos los políticos, de todos los partidos, de todos los colores están manchados por la corrupción. Dilma Rousseff fue sometida al impeachment no por corrupta, pero conforme pasa el tiempo sale a la luz que ella dejó hacer, ya sea a Petrobras o a Odebrecht.
Lula fue un gran presidente, de alta sensibilidad social, tuvo políticas sociales que permitieron a millones de brasileños salir de la extrema pobreza. Además, otras de sus políticas hicieron posible reducir algunas brechas de inequidad, de una desigualdad que sigue siendo un dato crucial de ese Brasil que parecía, hace años,  potencia emergente.
Pero, aunque Lula hizo mucho por batallar contra la inequidad, Brasil sigue siendo un país de brechas muy grandes entre pobres y ricos.  Sí, Lula hizo mucho en la lucha contra la pobreza, pero también es evidente que hizo muy poco contra la corrupción; lamentablemente hoy conocemos que también él estuvo manchado por la corrupción.
La peor corrupción es la de aquellos que discurseaban en favor de la transparencia, de ésos que dijeron que eran portadores de nuevos valores, pero que fueron tan o más corruptos que quienes criticaban. Hoy, cerca de las Olimpiadas, Lula está sometido a varias investigaciones, pues se duda de su transparencia.
Lula dejó de ser un símbolo, como Brasil ya no es nadie en fútbol. La eliminación de Brasil en la Copa América parece no doler mucho a los brasileños, les duele mucho más  haber despertado de un sueño de país emergente y aterrizar en una nación que decrece y que está hundida en la corrupción, marcada por la inequidad y múltiples discriminaciones, de ésas que nos dijeron que ya no existían.
Las Olimpiadas están cerca, pero el zika hace temblar a los brasileños y la corrupción se apropió de su cotidiano. El gran país emergente, ése que decía que iba a ser el líder de América Latina está en emergencia, no tiene dinero para soportar dignamente las Olimpiadas venideras. Muchas infraestructuras para las Olimpiadas no han sido acabadas, la gente no está muy motivada con esos Juegos;  las bellas playas de Río de Janeiro están llenas de basura, de los desechos que salen de las favelas. En esas aguas deben  competir muchos atletas.
El escándalo de Petrobras y de Odebrecht es sólo la punta del ovillo que indica que Lula, Rousseff, el PT y los demás  partidos políticos vivieron y convivieron cómodamente con la corrupción. El Brasil que espera a las Olimpiadas ya no es el BRIC de antes; es un país en proceso de hundimiento económico y moral de sus élites políticas.
Entre el Mundial de 2014 y la espera de las Olimpiadas, Brasil ha retrocedido económicamente y ha inflado la corrupción, razón por la cual una buena parte de los brasileños quería un cambio de gobierno, pero cuando Rousseff salió enjuiciada, los brasileños se dieron cuenta que la corrupción era más profunda. Entendieron que tocó a todos los partidos políticos y a casi todos sus líderes.
Brasil no está en proceso de hundimiento, está hundido, pero aún no hay señales del inicio de la reconstrucción.

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