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LIBERTAD DE CULTOS EN ARMENIA


Redactado por: adriana bravo
julio 6, 2016 , a las 1:08 am

Ereván, Armenia.- El jueves pasado se realizó en el centro de convenciones de Armenia un foro por una política pública de libertad religiosa de culto y conciencia, organizado por el concejal del movimiento Mira, Julián Andrés Acosta.

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Un espacio de verdad muy interesante, porque los participantes expresaron sus preocupaciones y la necesidad de crear, con el estatus de Acuerdo Municipal,  el Comité de libertad religiosa de Armenia.

Este encuentro se dio al tiempo que el presidente de la República Juan Manuel Santossancionaba la ley por medio de la cual se declara el 4 de julio como el día de la libertad de cultos en Colombia. Nos parece de la mayor importancia este tipo de eventos, porque, y a pesar de estar contemplado explícitamente en la Constitución de 1991, en Colombia no existe un verdadero respeto a los cultos distintos a la religión Católica.

La tradición de la iglesia del Vaticano es tan grande en nuestro país, que todos los actos públicos del Estado están asociados a la religión católica. Para la muestra un botón: los dos más importantes actos públicos, del gobierno, la semana pasada: la celebración de los 130 años de fundación de Calarcá y los 50 años de creación del departamento del Quindío, fueron pasados, primero, por el catolicismo, a través de los tedeum correspondientes.

¿Por qué no hacer un acto público en un lugar neutral, la plaza Bolívar, con sacerdotes católicos, pastores cristianos, rabinos judíos, chamanes indígenas o imanes del islamismo, si los hubiere? La respuesta es sencilla: tenemos un cerebro religioso anclado en la Constitución decimonónica de 1886, donde la iglesia Católica estaba asociada al Estado, y ella decidía sobre todas las cosas del gobierno.

No hemos entendido que hay una nueva Constitución, aprobada en 1991, y que en ella existe el Artículo 19, que a la letra dice: “Se garantiza la libertad de cultos. Toda persona tiene derecho a profesar libremente su religión y a difundirla en forma individual o colectiva”.

Seguramente los gobernantes argumentarán que a nadie se coacciona en razón de su fuero confesional o religioso. A nadie se le prohíbe abrir una iglesia o practicar en cualquier sitio una religión.

Sin embargo, ese artículo de la Constitución hay que entenderlo mejor, con mucha más profundidad. Se trata sobre todo de respetar el pensamiento religioso del otro, en la práctica cotidiana. Un adolescente que ha sido levantado en la iglesia cristiana no quiere ver en su salón de clases imágenes de santos ni siquiera de Cristo, pero su pedido no es atendido por el profesor, ni por el rector, católicos ellos.

He ahí donde está la esencia del Artículo 19 de la Constitución. Al adolescente se le irrespeta, se le coarta su libertad religiosa porque se le obliga a tener en su salón de clase imágenes de otro culto.

Recientemente pasó con el más alto tribunal de justicia colombiana, la Corte Constitucional, que rechazó un derecho de petición de un ciudadano cristiano que los invitó a retirar un crucifijo que está colgado en la sala plena de la institución. Según algunos de los magistrados, el cristianismo es parte de la cultura colombiana.

Sin embargo, creemos que en el culto y la conciencia religiosa es necesario ser más neutrales, especialmente cuando actuamos desde alguna de las ramas del poder.

En el foro del jueves pasado en Armenia el diputado del Mira, Bernardo Valencia, lo dijo claramente en la siguiente reflexión: “Pareciera que estuviéramos todavía en la Constitución de 1886 donde la religión Católica era la del Estado y no había opción para ninguna otra expresión. Los cristianos conformamos cerca del 20 % de la población colombiana, y las autoridades aún no han contribuido para que la ley sea puesta en práctica”.

Confiamos en que se cree el Comité de libertad religiosa en Armenia, donde se diriman temas como aquel de mantener el cuadro del Sagrado Corazón de Jesús en las instituciones educativas oficiales; o de hacer los actos públicos frente al sacerdote católico; pero mucho más, para que haya un trabajo mancomunado por la paz y la reconciliación, sin importar el credo, y mirando el respeto a la vida humana como un imperativo de todos. No olvidar los laicos, aquellos hombres y mujeres independientes de cualquier religión, y a los ateos, cuyas creencias son tan profundas y válidas como cualquiera otra religión.