
Tuxtla Gutiérrez, Chis.- Hace dos años, una joven fue rescatada del suicidio por sus familiares cuando se encontraba en su cuarto ingiriendo pastillas, y a maniobras por parte de la policía quienes practicaron primeros auxilios para recuperar las constantes vitales. Este suceso se produjo debido al acoso que sufría la joven por parte de un hombre de aproximadamente 30 años quien acosaba y exigía sexualmente a la menor, a cambio de no publicar fotos íntimas en las redes sociales.
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El caso lo cuenta doña Esperanza, vecina de la colonia Aurora, en Berriozábal, Chiapas donde ocurrieron los hechos. Al principio se decía que la joven padecía de depresión y angustia por lo que intentó suicidarse, sin embargo fue un caso de sextorsión, un delito poco conocido.
Y es que pocos han sido los impulsos que ha tenido el castigo de este tipo de extorsión en el estado a causa de su origen, el cual trae un doble sentimiento de culpa y victimización en los extorsionados, de acuerdo con el abogado Julio Cruz.
“Es un delito sexual cada vez más frecuente y difícil de detectar. Los ciberacosadores conducen principalmente a niños y adolescentes a una angustiosa situación que puede acabar en tragedia. Los menores son un blanco fácil porque a edades tempranas, la falta de madurez hace que no tengan los recursos necesarios para hacer frente a sus acosadores”, afirmó en entrevista el abogado.
Además experimentan vergüenza, pudor, miedo a que sus padres se enteren, convirtiéndose en víctimas “silenciosas” que harán lo posible por no denunciar. Se estima que los casos de sextorsión afectan especialmente a menores entre los 11 y 17 años, siendo la franja entre los 12 y los 14 la más vulnerable.
Hablamos de sextorsión para referirnos a un tipo de chantaje de carácter sexual cuyas víctimas habituales suelen ser los menores de edad. Lo que empieza con una inocente conversación o flirteo en un chat puede abrir las puertas a un pederasta o ciberacosador.
El acosador contacta con sus víctimas en las redes sociales, chats y medios similares siguiendo una técnica llamada grooming. Haciéndose pasar por alguien de su edad, se gana su confianza hasta conseguir que el menor se muestre en la webcam o le mande fotos o vídeos con un contenido cada vez más íntimo, una práctica que se denomina sexting.
El siguiente paso es pedir al menor un encuentro en persona. Cuando la víctima intenta parar este peligroso “juego”, el acosador se desenmascara y amenaza con hacer públicas las imágenes íntimas obtenidas si el menor no sigue atendiendo sus exigencias.
Actualmente en Chiapas no existe un programa que busque combatir este tipo de delitos mediante un canal de comunicación e información amplio, afirma que “las víctimas de sextorsión se sienten atrapadas en un callejón sin salida. A lo largo del proceso de extorsión sexual, el menor sufre un torbellino de emociones combinadas, como es el sentimiento de culpa al haberse dejado engañar y vergüenza al satisfacer los deseos del sextorsionador.
Otro de las características es la Humillación al perder completamente el control sobre su intimidad, ansiedad ante la incapacidad para escaparse de la situación y desesperación pues no se sabe a quién acudir y se distancia de los demás.
Es frecuente que la sextorsión desemboque en una depresión y en algunos casos llega incluso al suicidio. El caso de Selene Hernández, fue uno de los que han confundido con otro tipo de delito en Chiapas, sin embargo el número de suicidios inducidos por la sextorsión está en aumento.