ESPACIO DE OPINIÓN …

Señor Presidente, recapacite

Por LOURDES MENDOZA

Hoy les traigo la crónica de la marcha que comenzó en el Ángel y que culminó en el Monumento a la Revolución. Llegué minutos antes de las 11 de la mañana, hora a la cual comenzaría, y una hora después estaba arribando a nuestro destino. De entrada, déjenme platicarles que esta fue una marcha orgánica, es decir, sin acarreados, salvo unos con gorras del PRD, pero cuando la gente se los encontró, se cambiaron de carril. La gran pregunta en esos momentos era: ¿cuántos somos? La respuesta no la sé. Sólo sé que de las marchas anteriores, ésta fue la más copiosa, que volteaba la cabeza y se veía la columna enorme de gente caminando por Reforma, o que el monumento estaba a reventar. No vi a nadie haciendo un desmán o agresión alguna.

Lo que sí vi fueron muchas causas unidas por México.

Las consignas, los letreros, las quejas fueron de chile, dulce y manteca, pero ninguna era más importante o menos que la otra. Todas dolían por una u otra circunstancia. Ejemplo: los niños con cáncer y sin medicamento; los jueces de Abril; el caso LeBarón; la economía; el “no” al comunismo; la inseguridad, etcétera. Dos extremos juntos: la derecha y la izquierda. Entre las consignas que escuché estuvieron desde un “México, México”, o un “Fuera López”, pasando por “Evo, Maduro y Andrés, ching.. su madre los tres”, hasta un “Olga Sánchez Cordero eres un pin… florero”.

El primero en tomar la palabra en el monumento fue el economista Sergio Negrete, quien dijo que le entregamos el poder al demagogo autoritario. Que muchos por la ilusión de un cambio creyeron en él y que no se podía estar peor, pero que ya vieron que sí. Que está desmantelando la democracia que tantos años y sangre nos costó construir. Que busca destruir todo contrapeso. Terminó advirtiendo que las secuelas siempre terminan mal y que AMLO está traicionando a los pobres.

Alejandra Morán, de Chalecos Amarillos, dijo: “No pedimos represión, sino combatir el crimen con la ley. Rectifique, señor Presidente. Nuestras voces no podrán callarse, México jamás será vencido. Las calles no le pertenecen, usemos también las redes sociales”.

Uno de los momentos más duros fue cuando Adrián LeBaróndijo: “No es poco el precio que he pagado para estar aquí ante ustedes. Mi voz tiembla de furia, perdonen por venir aquí a decir que no me importa la economía ni la corrupción ni el aeropuerto ni los colores de partido político. Ni las razones que nos tienen hoy aquí aventando discursos en plazas distintas de esta ciudad capital. Perdonen si no es mi interés mentarle la madre al Presidente, ni a los fifís ni a los chairos. Mi corazón está lleno de dolor. En México se pierde la vida por las razones más injustas, es decir, por vivir”.

La expriista Beatriz Pagés habló sobre la división que hay en México y dijo “aquí está el México verdadero, el México libre, el que está decidido a defender la unidad nacional, la democracia y la legalidad. Allá, a dos kilómetros de distancia, están los autócratas, los que no sienten nada cuando muere un niño de cáncer por falta de atención médica; allá están los que sienten flojera por las víctimas del crimen organizado, los que dan abrazos y no balazos a los criminales, los que expresan compasión por los delincuentes y llaman vendepatrias a los viudos, a los huérfanos, a los padres de los recién nacidos acribillados por el narcoterrorismo, que exigen, con toda razón, seguridad. Aquí está el México generoso, el que siempre ha abierto los brazos para dar asilo al necesitado, pero que denuncia la violación de los tratados internacionales por parte del expresidente de Bolivia, Evo Morales, que está utilizando el territorio nacional, nuestro territorio, para la desestabilización”. Acto seguido se escucharon gritos de ¡Fuera Evo!

Quien cerró el evento fue Julián LeBarón, y sus palabras también cimbraron a propios y extraños, pues dijo: “lo que está en amenaza es nuestra libertad, si no tenemos cómo proteger la vida, no tenemos cómo proteger la libertad”.

“Tenemos que unirnos para defender la vida y hacerle la batalla a quienes nos la están quitando, aquellos no son mexicanos”.

Dos momentos nos enchinaron la piel. El primero, cuando se guardó un minuto de silencio por los muertos de la familia LeBarón y las víctimas de la violencia, y cuando entonamos el Himno Nacional.