
Tlaxcala, Tlax.- La llegada del nuevo Obispo a tierras tlaxcaltecas fue apoteósica.Después de una espera de más de un año, por fin Tlaxcala conoció a su nuevo líder religioso, se trata del padre Josefino Julio César Salcedo Aquino quien, el pasado 15 de junio, fue encomendado por el Papa Francisco para dirigir la Diócesis local.
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Su arribo a Sanctórum fue anunciado con el sonido de dos cohetes pasadas las 8:30 horas de día miércoles.
Al interior de una empresa dedicada a la capacitación automotriz, ubicada sobre la carretera federal México-Veracruz, en el municipio de Sanctórum, ya lo esperaban algunos católicos, mientras el mariachi afinaba sus instrumentos.
Entre la lluvia, quien en ese momento era todavía Obispo electo descendió de su vehículo color gris y, con paraguas en mano para guarecerlo, integrantes del Decanato de Calpulalpan lo guiaron hasta las instalaciones de la empresa.
Entró al salón y detrás de él hizo lo propio el nuncio apostólico en México, Franco Coppola; fue en ese preciso momento cuando los músicos hicieron sonar las tradicionales dianas y fanfarrias.
Ahí ya lo esperaba el gobernador del estado, Marco Antonio Mena Rodríguez, en representación de las autoridades civiles; también estaba presente el administrador Diocesano, Jorge Iván Gómez Gómez, quien fue el encargado de recibirlo a nombre de la Diócesis tlaxcalteca.
Con el tema “Amigo”, de Roberto Carlos, de fondo, el padre Julio César Aquino estrechó las manos de ambas autoridades, para intercambiar el saludo, y antes de tener un encuentro más cercano entre ellos, aprovecharon para posar para la “foto del recuerdo”.
Las primeras palabras que intercambiaron en el poco tiempo que tuvieron en ese instante fueron en torno a la pronta canonización de los Niños Mártires de Tlaxcala, Antonio, Cristóbal y Juan, pero tampoco pasó desapercibido el tema del tiempo que calificaron como “signo de bendiciones”.
Casi de manera inmediata fue escoltado hasta un salón ambientado con globos, flores de papel y lienzos de tela en colores verde y amarillo, en donde ya lo esperaban algunos católicos que rompieron en aplausos cuando lo vieron llegar.