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COMPETENCIAS DE CUCHILLEROS, RITUAL PARA SAN PEDRO


Redactado por: adriana bravo
marzo 29, 2016 , a las 2:09 pm

Captura de pantalla 2016-03-29 a las 8.11.03San Pedro Comitancillo, Oax.- El ambiente de fiesta se nota sólo con el sonido, desde temprana hora, los cuetes anuncian el inicio de la Labrada de Cera, una fiesta tradicional que consiste en usar la cera para formar velas, las cuales se llevarán al Santo Patrón de San Pedro Mártir.

Un evento en especial sobresale entre todos y es la matanza de los toros, la cual es una competencia entre dos cuchilleros que se disputarán con la rapidez, el honor de ganar.

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Promesas, mucho dinero

y espectáculo

Todo comienza con una promesa. El mayordomo de la Labrada de Cera se prepara con años de anticipación, primero por dinero, luego por la carga de trabajo y la cantidad de gente que tiene que buscar, como padrinos y madrinas que apoyaran en la realización de la fiesta.

Este año, un niño fue el encargado de apadrinar el paseo de los toros. La mayordoma envía una comitiva a la casa del pequeño padrino que acompañado de sus padres recibe a los toros para adornarlos y pasearlos por el pueblo.

Justo a las 15:00 horas, van llegando las niñas vestidas con sus trajes regionales, suena la banda tocando melodías que van a acorde a la fiesta. La mamá del padrino recibe a los invitados con un presente, agua de jamaica y una botana para mitigar el hambre.

Días antes, los padres o el padrino buscan a las personas que los acompañarán en el paseo, se hace comida, se reparte cerveza y se buscan a los cuchilleros que competirán, además de los hombres que se encargarán de arriar al ganado por todo el pueblo.

Llegada la hora para el paseo, la banda suena para encabezar la comitiva, las niñas se forman para hacer dos filas, por supuesto que el pequeño líder va adelante junto con su estandarte que lo engalana, como el responsable de llevar la carne a los mayordomos, la cual se cocinará y alimentará a toda la gente que asista a la fiesta.

Bajo el sol incandescente, sale la gente para el paseo. Los fuertes hombres que llevan a los toros hacen muestra de su experiencia en el campo y el adiestramiento que tienen con el ganado. Un cebú y un becerro suizo son adornados con papel de china azul, tres cuerdas atan sus cuerpos y sus cuernos.

Hacer caminar al animal es lo complicado, pero no es el obstáculo, ya que con doblar y morder la cola es suficiente para hacer mover las patas del enorme bovino, el cual tiene un costo aproximado de 25 mil pesos.

La táctica ha funcionado y el cebú corre frenéticamente, espanta a los niños curiosos que van detrás de él y a la gente que se asoma desde sus casas que han salido con el llamado de la música, que sólo lanzan una mirada de lástima mezclada con la alegría de la fiesta que al día siguiente les espera.

Atrás se queda el pequeño suizo, asustando por ver tanta gente a su alrededor o tal vez por presentir que será el platillo principal.

Entre arrastrones, correteadas y jalones de cola transcurre el paseo, los toros han caminado lo menos posible y han hecho trabajar más a los toreros que los llevan, que con sudor en el rostro y manos rojas por las cuerdas cumplen con su labor asignada, una labor que no sólo es por ayudar, sino por participar con la fiesta del pueblo y con el santo patrón, -Arre, toro, arre- suenan las palabras cansadas de los ganaderos.

La hora ha llegado, la música suena diferente, la gente en el parque Ndaniguia espera ansiosa para ver el espectáculo público más sangriento de todo el año, que se llevará a cabo enfrente de la iglesia, justo con la mirada de San Pedro.

Mientras tanto, los cuchilleros y su equipo esperan con desespero la llegada de los animales. Cada minuto es vital, el filo de los cuchillos determina la eficacia del experto y su equipo.

Llegó el cebú y el primer equipo se mueve con rapidez, aplican los amarres en las patas, dejándolo inmovilizado de sus cuatro extremidades y la cuerda que ataba su hocico queda libre para darle espacio al cuchillero.

Una raya de sangre se dibuja en el cuello del animal, salen las primeras gotas y pronto una gran bandeja se pone debajo de la navaja, es la hora en la que todo el filo del cuchillo atraviesa la yugular, un chorro de sangre sale a presión para llenar dos bandejas del líquido rojo.

El animal ha muerto, un pequeño suspiro escapa de su hocico y los ojos se quedan apagados; entre el cansancio de la caminata, el estrés del andar y su súbita muerte que lo convierte en un apetitoso cadáver.

La primera parte del trabajo se ha completado, las extremidades se desatan y se sostienen para quitar la piel, comenzando desde el cuello. Toda la masa de carne se mueve poco a poco. El cuchillero hace uso de su pequeña hacha para quitar las patas.

Es curioso ver que ambos equipos tiene su público, algunos con asombro como los niños, otros prefieren tomar fotos o grabar, algunas chicas platican sin ninguna preocupación de sus pendientes y chismes, cada quien hace lo que le place mientras destazan a la res.

Algunos murmullos de -¡pobre animalito, cómo sufre!-, otros simplemente se limitan a expresar su desagrado a la sangre y a la valentía de los carniceros al destazar parte por parte del animal.

Aunque el público con su dedo acusador presencie el evento, los cuchilleros hacen caso omiso para seguir en las vísceras y todas las demás partes que se depositan en las carretas adornadas con palma y papel picado, que esperan a un costado, para llevar la carne a la casa de la mayordoma.

Mientras tanto, otros testigos apuntan en sus libretas algunas especificaciones que se tomarán en cuenta para declarar al ganador.

Risas y aplausos suenan con el equipo contrario, la banda con fuerza alza la música y un conjunto de cohetes suenan para anunciar al ganador del becerro suizo.

El concurso ha terminado y sólo se espera a que los carniceros terminen su tarea, los mirones se dispersan y continúan con sus actividades cotidianas, otros siguen a la comitiva que lleva la carne.

Trozos de carne roja son depositados en una fila de mesas en medio del patio donde se celebrará la fiesta, pedazo a pedazo es examinado por una especie de juez que checa la cantidad, el color y los cortes que los expertos realizaron.

Ahí termina la competencia, con un ganador que se lleva el honor de ser el cuchillero más rápido del pueblo y tener consigo el premio de un cuchillo filoso y una módica cantidad de 700 pesos como compensación.

“Aquí es un juego, los cuchilleros hacen la competencia, el que termina primero es el que gana”, cuenta don Pedro Álvarez Sánchez, participante activo de las festividades; “gana el cuchillo y el honor de la competencia de la fiesta principal de la comunidad”.

Una tradición de arraigo

Doña Hermila Castillejos, exmayordoma de las festividades, menciona que este tipo de tradiciones se llevan a cabo desde hace muchos años y que además de la enorme cantidad de dinero que se gasta se siguen una serie de pasos que llevan todo el año, “nos sentimos, orgullosos, contentos, todo el pueblo coopera porque es una fiesta para todos”.

Este tipo de tradiciones muestra el arraigo que la gente tiene por sus creencias. En el caso de San Pedro Comitancillo, este tipo de eventos son vistos de forma natural y no se cuestionan los métodos.

Otras realidades

La matanza de animales por tradición, venta o medicina es uno de los asuntos más cuestionados por algunas sociedades protectoras de animales.

En España se realizan algunas celebraciones donde el toro es el principal objetivo; “el toro de la vega”, se lleva a cabo en la localidad de Tordecillas. Este evento consiste en lazar, arrastrar y matar al animal; el que lo logre es reconocido por la comunidad.

“El toro del júbilo”, se trata de encajar en los cuernos del bovino objetos inflamables que portarán hasta causarle quemaduras y la muerte, el pueblo español de Medinaceli encabeza la lista junto con 140 pueblos más.

En Navarra, Andalucía y otros pueblos se lleva a cabo “el toro ensogado”, una práctica en la cual se atan a los toros por los cuernos para luego corretearlos por las calles, lo que les causa lesiones.