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DIOS NUNCA MUERE, EL DOCUMENTAL DE LAS VÍCTIMAS DE 2006


Redactado por: adriana bravo
junio 15, 2016 , a las 1:14 am

Oaxaca, Oax.- Después de diez años del movimiento que marcó una etapa política y social para Oaxaca, surge Dios Nunca Muere, una película que busca recordar, hacer justicia y dignificar a las víctimas del 2006.

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Con el enfoque sobre los derechos humanos y con ideas compartidas sobre el movimiento social del 2006-2007, el director Roberto Olivares y el periodista Diego Osorno, estrenarán el día de hoy el documental Dios Nunca Muere, una película que muestra el paso de 10 años de un conflicto que marcó a sus cuatro protagonistas.

Dignificar a las víctimas,el principal objetivo

En entrevista, Roberto Olivares, director y realizador de este proyecto, comenta que tras un año de trabajo, se han topado con una serie de obstáculos, el principal de éstos es la desconfianza y la impunidad imperante, que rodea cada uno de los casos que se retratan en el documental.

“Nosotros en Ojo de Agua con todo lo que surgió en 2006, logramos un archivo con el que planeábamos hacer un trabajo más, Diego fue el detonador para plantear la actualidad del tema del conflicto”, argumenta.

Con un año de realización, la producción de Ojo de Agua Comunicación, en colaboración con la Comisión de la Verdad busca mostrar la actualidad del tema, “de alguna forma queremos mostrar eso, que seguimos esperando que en Oaxaca se aplique justicia y castigar a las personas responsables de todas las violaciones de derechos humanos”.

En el documental se retrata la vida cotidiana de los cuatro protagonistas, los cuales tras el pasar de los años se han sobrepuesto a su tragedia y que a pesar de ello, se encuentran activos para pedir justicia.

Participan la maestra Florina Jiménez, viuda de José Jiménez Colmenares; la señora Juliana, viuda de Arcadio Hernández, único caso que se logró consignar; el caso del señor Emeterio Cruz, golpeado brutalmente en 2007 y el último caso de Ramiro, ahora exiliado en Estados Unidos.

“Ver las secuelas en 10 años y ver cómo la gente sale adelante a pesar de lo que sucedió, es una historia que pretende tener contacto con la parte humana y que nos identifica a todos, no queremos entrar en el tema de un análisis político de lo que pasó, nos pareció marcar que no importa la posición política de los ciudadanos”.

Destaca que la intención de la película no es discutir sobre la situación política del conflicto, ni las simpatías o apatías que se puedan tener, por lo que rescatan el mensaje de impunidad de las autoridades ante la falta de previsiones legales para la resolución de los diversos casos, “se va convirtiendo en una práctica en la que se normaliza, que la autoridad no haga nada y tampoco pase nada, no podemos permitirlo como ciudadanos”, menciona.

Del desencanto a la desconfianza

“Hay mucho desencanto, hasta con la propia comisión, los grupos de víctimas tienen sus complejidades y propias problemáticas con el gobierno actual, por eso no fue tan fácil”. Ello debido a que se toparon con la desconfianza de diversas víctimas, ya que esperaban que ante la importancia del tema, tener muchos testimonios, lo que no sucedió por diversas causas que el director apunta como normales, una de ellas el miedo a alzar la voz y ser reprimidos.

Olivares explica que la idea de la realización de Dios Nunca Muere, era seguir la vida cotidiana de sus cuatro protagonistas, revelar su realidad tanto de las secuelas que todavía persisten como también mostrar la dignidad de superar los retos.

“Queríamos mostrar cómo la gente se repone con mucha dignidad, ante la tragedia y el dolor, eso como elección de vida es muy importante, como ciudadanos debemos despertar”.

Sentimientos encontrados, un impulso para mostrar la realidad

Roberto Olivares es un destacado cineasta que se ha dedicado a la realización de diversos proyectos cinematográficos como El Señor de las Tres Caídas, Silvestre Pantaleón, entre otros proyectos, que lo han adentrado a contar historias por medio de la imagen.

Su contacto con el conflicto del 2006 lo llevó a generar un importante archivo junto con Ojo de Agua Comunicación y sobre todo de percatarse de la realidad que muchas víctimas han tenido que enfrentar, “el estar tan involucrado, documentando lo que sucedió y los documentales que hicimos en 2006 y 2007, poco a poco te vas dando cuenta que se generan muchos sentimientos de odio y de coraje, eso te daña como persona, uno pensaría que se repara con el tiempo, pero es lento y complicado, yo me pongo a pensar en las victimas, si a nosotros nos afectó, no quiero imaginar cómo pudo haberle afectado directamente, no quiero ni imaginarlo”, explica.

Al cineasta le tocó revivir los sucesos, revisando sus archivos y a motivarse para darle actualidad al tema junto al periodista Diego Osorno.

Exalta la importancia del ciudadano a cambiar las cosas, a salir del hueco en el que el país está sumergido por los innumerables sucesos de injusticia, “los ciudadanos debemos de construir otra lógica”.

“Tengo sentimientos encontrados, por un lado sí me siento satisfecho porque se logró el objetivo de mostrar las secuelas a 10 años de distancia, sobre todo poniendo por delante la dignidad de la gente y por otra parte, mostrar la impunidad, quizá no es una gran obra cinematográfica pero estoy satisfecho”.

Los obstáculos

“Darnos cuenta tristemente de la desconfianza de la gente y es justificada, no fue fácil, pensamos que el problema iba a ser, elegir cuáles y no fue realmente complicado, la gente no estaba tan dispuesta a participar y puede ser porque algunas personas todavía tienen miedo, fue muy claro para mí que la gente tenía desconfianza de la propia comisión y en todo lo que tenga que ver con autoridades”.

Olivares explica que la realización fue ardua, llena de emociones y con pocos recursos, los cuales obtuvieron a través de dos organizaciones, “la intención era que se contaran las historias sin hacer tanto alarde de grandes cantidades de dinero, es un documental modesto, que dentro de la modestia de su realización logra el objetivo de demostrar la dignidad de la gente y de recordarnos que seguimos esperando que haya justicia y reparación para estas personas”.

Además del trabajo del equipo con esta producción, Olivares destaca que recibieron ayuda de diversas fuentes que los impulsó.

Dios Nunca Muere, una esperanza para las víctimas

El nombre de Dios Nunca Muere se debe a la búsqueda de la esperanza, es un himno que busca dignificar a las víctimas y a demostrar que aún hay asuntos que las autoridades deben atender tras 10 años, “cuando empiezo la edición con la pieza de Dios Nunca Muere y Diego ya había mencionado esa posibilidad, finalmente, nos convencimos más, porque es el himno de Oaxaca, por otro lado sentíamos que el nombre de alguna forma te remite esperanza, porque no queríamos que la película tuviera una lectura demasiado pesimista”.

Y aunque considera que no tiene pretensiones estéticas, reconoce la importancia de los festivales cinematográficos para que las obras se den a conocer, además considera retomar las plataformas digitales para la difusión de la película.

Roberto Olivares opina que la intolerancia que impera ante los movimientos actuales no son una justificación para responder con violencia y sobre todo no seguir permitiendo violaciones a los derechos humanos que sigan propagando el ambiente de inestabilidad y descontento, ya que todo está en manos de los ciudadanos para tener un ambiente diferente.