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PERÚ, UNA CAJA DE SORPRESAS, POR ALEJANDRO TAPIA


Redactado por: adriana bravo
junio 9, 2016 , a las 1:02 am

Lima, Perú.- Las campañas políticas y los procesos electorales en Perú son eventos únicos, impredecibles, sin paralelo alguno respecto de lo que ocurre en otros rincones del continente. Lo he visto con mis propios ojos, como enviado especial a Lima para reportear y entrevistar a las principales figuras de la política peruana: en el 2001 conversé con Alejandro Toledo, en el 2006 con Alan García, en el 2011 con Ollanta Humala y ahora con Pedro Pablo Kuczynski.

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“En Perú todo puede pasar”, suele decir el ciudadano de a pie y también los analistas políticos cuando meses antes de que se inicie la contienda se les consulta por “ese candidato” que ha subido en las encuestas, pero que es un completo desconocido, al menos para parte importante de la prensa extranjera. Pasó con el propio Toledo en el 2000 cuando enfrentó a Alberto Fujimori, o incluso con Humala, a quien solo se le recordaba por su acción en Locumba, en octubre de ese año, cuando el gobierno fujimorista se caía a pedazos.

La misma renuncia de Fujimori por fax desde Japón fue también toda una sorpresa, al igual que la irrupción en esta campaña de candidatos calificados de ‘outsiders’, como César Acuña y Julio Guzmán. Llamó mucho la atención de cómo esos dos abanderados se subieron a la montaña rusa electoral, para desplomarse rápidamente tras ser sacados de carrera. En su momento pareció que a Guzmán lo eliminaron “por secretaría”. En febrero justo estuve en Urubamba, donde muchos decían que votarían por él solo porque les parecía que era “nuevo”, porque era “joven” y porque se habían enterado de su existencia a través de las redes sociales.

Durante esta contienda y también desde una visión externa, generaron alto impacto las sendas derrotas de dos ex presidentes como Toledo y Alan, la irrupción de una política joven y de izquierda como Verónika Mendoza y el hecho de cómo un candidato puede caer en los sondeos solo porque no le apeteció un chicharrón, como ocurrió con Alfredo Barnechea.

Sin embargo, finalmente lo que más se destacó, al menos en Chile, fue que esta disputa por la Presidencia de Perú se trató básicamente de un duelo entre fujimoristas y antifujimoristas. Y por cierto la posibilidad real de que la dinastía familiar de los Fujimori continuara con Keiko como presidenta a solo 16 años de la caída del gobierno de su padre. Sin duda, Alberto Fujimori es una de las figuras políticas más conocidas en la región y especialmente para los chilenos, no solo porque cuando fue presidente firmó junto a Eduardo Frei las actas de implementación del Tratado de 1929, sino también por su inesperado arribo a Santiago en noviembre del 2005. ¡Otra vez Perú y sus sorpresas!

Y qué decir ahora del sorpresivo resultado de esta segunda vuelta, con los dos candidatos empatados, un escenario de pesadilla para periodistas y salas de redacción, considerando además que la ONPE ha entregado los resultados a cuentagotas. Más allá de las demoras, encuestas al por mayor y la “guerra sucia” que toda campaña peruana “debe” tener, queda la sensación de que una vez más, y como ha venido ocurriendo desde el 2001, este fue un proceso que ha llevado a Perú a tener su cuarta elección democrática consecutiva, lo que no es menor.